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El último estandarte

 
 El último estandarte 
 
 
Una irónica alegoría sobre el psicoanálisis, y en fin, una celebración de la femineidad. El artista me ha contado qué quiso, como a menudo hace en sus cuadros, provocar reacciones contrastantes en el espectador. El psicoanálisis ha sido indudablemente el fenómeno "cultural-científico" más importante, más difuso, más obstaculizado y controvertido de este siglo. No se puede negar que quien quiera lo cita, a menudo a disparate y sin conocer de ello el sentido, y que las  palabras - psique - psicología-psicológico - han entrado prepotentemente a hacer parte de nuestro lenguaje cotidiano a todos los niveles. Para los Griegos antiguos la palabra psique significó "alma" más que pensamiento,  por lo tanto la palabra psicoanálisis sería en fin el análisis del alma. 
Ferozmente obstaculizada desde cuando naciò, sobre todo porquè  propuso una interpretación provocadora de nuestro mundo interior, basada principalmente sobre los impulsos sexuales, a menudo fue malentendida ampliamente y se dividiò  en innumerables y diferentes escuelas de pensamiento  que de todas maneras  hunden sus raíces en la extraordinaria obra  del  que se puede definir el fundador: Sigmund Freud. 
Nos enseña el artista, al centro de la escena, un árbol frondoso,( la vida?) de la forma inequívoca que crece desde un órgano, tocado de incerta manera por un viejo que observa una  extraña partitura. En el viejo nuestro artista ha querido representar a Cesare Musatti, decano del psicoanálisis italiano, pero también sencillamente un hombre, que aùn habiendo atraversado el curso de la vida no aprendiò todavía a tocar y está ahí probando  todavía. Una joven figura femenina le indica la partitura, lo anima a continuar, casi a decirle: "ánimo" no tengas miedo… Por Di Maio es su  madre. Siempre joven y bonita, como todas las madres del mundo. Los hijos envejecen, a menudo sin aprender, las madres nunca. En fin es la mujer, que tiene menos miedo del amor y trata de enseñar algo al hombre. 
El viejo pianista trata de leer aquella hoja, dos labios rojos y sensuales que representan el erotismo, porquè es con eso  que el árbol de la vida producirá su música. Está sentado sobre dos grandes libros ( sobre uno de este se lee: introducción al estudio del psicoanálisis) y en el suelo  un montón de papelajos vacíos, quizás lo que nuestra ciencia ha dejado como imagen de si misma? ¿Páginas blancas? De lado un desconchado músico da  golpes sobre el bombo tratando de llamar la atención sobre algo que él mismo  no entiende. Detrás, apenas se vee, hay un ideal autoretrato del artista con el pincel en la  mano, un poco Dalì  y un poco Capitan Garfio. Pero en este cuadro son las mujeres las protagonistas. A la izquierda,   posado sobre una rama, tal vez hay  justo el Psicoanálisis. Toca una trompeta, irreverente como todo aqui es,  dirigido  a tres maniquíes con vestidos talares colorados  que leen libros con páginas blancas. Me recuerdan una congregación de curas americanos que visten  parecidos. En América Freud fue acogido con gran entusiasmo cuando  llegó la primera vez. Los periodistas le corrieron encuentro alegres  y parece que él les dijera en voz baja a su acompañador: ves cómo son felices?.. no saben que estoy llevando la peste"!  
Al centro, hay otra mujer, se está  quemando entre las llamas de la respetabilidad masculina. Quizás sea todo lo que de pecaminoso y peligroso la cultura masculina y machista ha querido reconocer  en la mujer, quemándola y deseándola al mismo tempo y no casualmente ella se encuentra a la base del "arborizo", entre las llamas del "pecado".  Abajo,  en primer plan, otra mujer, desnuda, también ella irreverente pega fuego a un pequeño robot de madera que representa la tecnología, de la cual los hombres son muy orgullosos, que ofrece un plato  vacío al nada. ¿A que sirve la tecnología si no se sabe vivir? ¿A que sirve una cultura que se sustituye a la alegría y se aleja cada vez más de las necesidades del alma?                                                                        
 
Arriba, sobre la punta del árbol, escondido entre las hojas, un fragmento fino del púlpito de los Pisano al Baptisterio de Pisa. Arte, religión, Poder. Todo en  la punta. Casi escondido. En el aire pero se  agita una seda rosa, es una enaguas femenino, El último estandarte conocido, perenne, extremo, invencible símbolo de atracción, a pesar de cada inhibición o prohibición. 
 
Este cuadro es toda alegoría, se  podría escribir un libro de esto. Pero un personaje verdadero hay. Y es aquel niño un poco a malestar en aquella aparente confusión. El Maestro lo hizo vestir con aquellos extraños vestidos y lo ha pintado mientras come un croissant, con el aire de quien se pregunta: "qué estoy haciendo aquí"?, quizás seamos nosotros, que estamos creciendo, inconscientes actores en la gran representación de la vida, de lo cual  quizàs…un día…. nos pondremos conscientes.